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Disney y el mito del buen salvaje

Cuando Walt Disney, el hombre vivía, los valores reflejados en las películas animadas eran notablemente eurocéntricos. Y dado que Europa representaba aún los valores de derechos individuales, razón y libertad durante los siglos anteriores al XX, no hay mucho problema (en 'El Zorro y el Sabueso' podemos ver humanos devastadores, y Bambi también trae lo suyo). Pero Disney, la empresa, en cambio ha recogido últimamente y sin el menor tapujo todos los mitos pocahontianos (sí, un neologismo, es más, acabado de inventar este momento pero qué le vamos a hacer) sobre el hombre blanco como maldad encarnada, los animales como seres armoniosos entre sí (claro, diganle eso a la gacela cuando dos leones le persiguen a ver qué piensa de la Disney), y en general del progreso como algo que debe ser evaluado desde la óptica de un topo o una rana, no de los seres humanos que buscan salir de la pobreza y las penurias de 7.000 siglos anteriores.


El mito pocahontiano

En Pocahontas, el valiente héroe británico conoce a la hermosa e impecable Pocahontas (el cepillo de dientes vino desde Europa, el desodorante y el jabón también, vale recordar) y entonces reniega de su afán de explorador y conquistador, y se redime con un acto de sacrificio "heróico".

¿Eran en realidad los indígenas unos comunistas intuitivos, dispuestos a compartir todo, no economizar, pensar en el otro (¿y quién pensaba en el uno, mientras tanto?) y libres de todo deseo de usar la naturaleza para su propio confort? ¿Alguien que vive sin técnicas de producción más eficientes y come lo que caza o cosecha manualmente puede conservar mejor la naturaleza que nosotros?

El investigador Terry Anderson nos dice rotundamente que no. Los indígenas tenian derechos de propiedad privada muy desarrollados, sin los cuales el conflicto, el daño ambiental y la escasez son inevitables. Al igual que los irlandeses pre-invasión de Cromwell, vivían en una situación de kritarquía (gobierno de los jueces, pero en el sentido clásico de lawgivers y no de los legisladores o congresistas actuales, o lawmakers). Otra palabra para eso es anarquía, pues nadie imponia planes económicos o culturales a los demás, si no que existía un marco legal que hacia respetar la vida y propiedad de cada uno. Otro nombre, dado que existia comercio y producción independientes del poder, es anarcocapitalismo. Así es, mientras nosotros debatimos en medio de una de las economías más socializadas (socialistas) del mundo, con mayor proporción de recursos en manos estatales que en la propia China comunista, los indígenas eran capitalistas. Y no sólo eso, si no anarco-capitalistas. Cero política, pocas leyes, mucha actividad de la propia sociedad civil.

Eso de que todos eran comunistas (muchos sí lo eran) dedicados a no tocar la naturaleza y a llevarse bien sin necesidad de leyes o autoridades judiciales, es un mito. El mito del buen salvaje.