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¿Somos egoístas los seres humanos?

Un agricultor ganaba siempre los concursos a la mejor cosecha de maiz cada año. Y año tras año, terminada la ceremonia del concurso, el agricultor se acercaba a sus vecinos y les entregaba una buena porción de sus mejores semillas. Finalmente, en una ocasión, un periodista se acercó cuando cumplia con ese curioso rito, y le preguntó: "Disculpe, ¿por qué les regala sus mejores semillas a sus vecinos? ¿No va eso en contra de sus propios intereses?" El agricultor le miró sorprendido y dijo: "Al contrario, si mis vecinos no tienen las mejores semillas en sus campos, el viento, los animales, los pájaros y las aguas terminarán trayendo sus semillas a mi campo y dañarán la calidad de mi propia cosecha cada año".

Mi punto es que existe una excelente razón interesada para dar de nosotros a nuestra pareja, amigos, familia, barrio, ciudad e incluso planeta. No es altruismo (negación de uno mismo y sus metas), porque finalmente es mi propio interés más inteligente y ampliado, vivir en una familia que se lleve bien, tener buenos amigos, una buena relación de pareja, un barrio limpio y agradable, y una ciudad limpia y agradable. De hecho, un mundo más próspero, pacífico (porque me gusta viajar) y en general, culto (porque me gusta tener buenas conversaciones).

En tanto haga estas cosas por mí, por los míos, no estoy invocando el sacrificio. Por el contrario, estoy discriminando el uso de mi tiempo y energía entre metas de corto y largo plazo, entre gratificación instantánea y gratificación futura (el gusto de heredar cosas valiosas, tangibles o intangibles, aunque yo no esté, pero estoy ahora que deseo hacerlo).

El altruismo en cambio es la negación de las necesidades o preferencias personales, incluso del propio proyecto de vida, por alguien que no es parte de nuestra vida. Por "los demás" o "el otro". Y ahi está la línea demarcatoria entre generosidad (dar) y altruismo (sacrificarse). El altruismo es una idea antinatural, que nos demanda abandonar nuestro natural y sano egoísmo. No es realizable, no está en nosotros hacerlo, pero es muy posible llegar a hacerse daño con la idea. La Madre Teresa de Calculta por ejemplo: no dudo de que dormía plácidamente y contenta de haber ayudado a alguien. No que sea la mejor forma de ayudar, pero en emergencias (como las que ha causado el socialismo en la India) es muy válido. El problema es el "dar hasta que duela" que la Madre Teresa nos propone. Es una pésima premisa para el mundo, para el resto de nosotros. Que ayude si quiere, de su tiempo, bolsillo, energía y ya. Muchos crecerán con el complejo de "soy imperfecto", "no soy como la Madre Teresa, pero en algo ayudo", etc. Un principio jurídico universal dice que los casos excepcionales son pésima base para reglas generales. Y eso es la Madre Teresa. Alguien que obtenía un placer inmenso en ayudar a los pariah en la India, pero nos proponía que busquemos el dolor o el sacrificio al dar. Contradictorio, porque el altruismo contradice la naturaleza humana.

Y esas contradicciones en lo sicológico se llaman disonancias cognoscitivas. Cuando digo o pienso algo, y hago otra cosa, me siento mal. Es más, me vuelvo sujeto de manipulación de otros. De tiranos de distintos tipos (y no sólo hay tiranos en lo político). Para eso sirve el altruismo: para acomplejar a los demás, hacerles sentir menos que suficientes y dirigir sus vidas por ellos. En nombre del "bien común", claro. (No, no es un alegato contra la Iglesia Católica o las religiones en general, pero cada uno sabrá si cualquier parecido con la realidad es o no pura coincidencia. Sobre todo, no es el tema de hoy.)

Somos egoistas, aceptémoslo: desde el egoismo y la generosidad no hay nada que no se pueda hacer. Incluso salir de crisis sociales masivas y desastres naturales. Nadie necesita sacrificarse. Si no somos dueños de nuestras metas y placeres, siempre seremos esclavos de una idea o personaje externo a nosotros.